sábado, 31 de mayo de 2014

"Por tener los ojos azules no tengo la vida solucionada"


Hoy se acerco una señora a la unidad básica para llevarse su bolsón de alimentos (cabe destacara para quien no sepa, 10 kg de frutas y verduras a $50, beneficio que La Cámpora acerca a los vecinos de los distintos barrios ante la SUBA INDISCRIMINADA DE PRECIOS por parte de las grandes cadenas.
Se acercó una señora con problemas de cintura y pidió por favor si la podíamos acompañar porque no podía cargar todo. Una señora delgada, rubia. Bien rubia. Parecía polaca. Unos ojos azules que encandilaban.

Fuimos caminando, y mientras caminábamos empezamos a charlar. "En nuestro país el zapallo lo comemos al horno y con azúcar; como un postre". Oriunda de Bulgaria, me contó que vino hace 16 años producto de un programa de intercambio. "Vos eras chico, estaba Menem así que quizás no te acuerdes". El turco abrió un programa de inmigración con Europa oriental, y cada extranjero venía con 25.000 dólares para poder instalarse acá-

La cuestión es que el gobierno de turno se comió esa guita, y un montón de extranjeros quedaron a la deriva. Hoy la señora vive en una pensión en Montserrat. En una pensión que se cae a pedazos. Esas que tienen un patio común y las piezas alrededor. Su heladera la tiene afuera.
Mientras me contaba sobre sus problemas de riñón y lo bien que le hace el zapallo, agregó que para sobrevivir tiene que vender golosinas.

"¿Vos te pensas que porque soy rubia de ojos claros tengo la vida solucionada? Ojalá fuese negrita y tuviese más salud" dice. Y agrega contundente: "No compres las apariencias, no mires ésto" -se señala la piel-
"Esto no significa nada"


Mientras pensaba, además me dijo que hay gente que se cree muy linda y no tienen dos dedos de frente, pero a veces por la suerte de haber nacido en un lugar en el la familia tiene un buen pasar, tiene muchas cosas solucionadas de antemano.

Me cuesta. Sinceramente me cuesta. Me da mucha pena, muchas veces ¿Por qué la sociedad es tan egoísta? ¿Por qué decimos que nos va mal, que todo esta mal, que esto se viene todo a la mierda cuando tenemos auto, casa, educación, salud, nos vamos de vacaciones, vamos a comer afuera, etceteras, etcéteras, etcéteras?

La historia de vida de esta señora, que no quiero decir ni siquiera su nombre de pila, es otra de tantas. Nos falta muchos lugares a los que el estado tiene que llegar. Pero, ¿cómo puede ser que esta clase de personas sean las más agradecidas con las cosas que el Gobierno Nacional hace por ellas, que las organizaciones políticas mayormente formadas por la juventud hace por ellas? ¿Por qué nos cuesta tanto entender que hay gente que de verdad la pasa mal? Me entristece. A veces no se como dar la discusión. Me tratan de fanático, me tratan de que estoy comprado, me tratan de chorro, corrupto, ladrón. Y todo por hacer cosas por la gente que más lo necesita. Y el caso de esta vecina, me volvió a enseñar otra vez, que para ser rico no se necesita dinero sino un gran corazón. Porque la patria es el otro, y si empezamos a pensar un poquito al menos en el que tenemos al lado, las cosas estarían mejor.

Volvió la pelota. Ponela en el piso, se puede jugar bien y lindo!

Martín Ciraolo